Tu voluntad

huerto_de_los_olivos En el mundo entero, existimos millones y millones de personas, cada una con un sinnúmero de detalles que sin duda nos hacen únicos e irrepetibles.

Tenemos una forma de ser, un modo de pensar, una manera de hablar, una historia vivida, gustos y anhelos diferentes, tenemos tanto que nos caracteriza, pero de seguro, aunque hayan muchísimas personas en el mundo entero y en toda la historia; solo hay y solamente habrá uno como tú, y Dios te ama infinitamente porque no hay nadie, ni habrá nunca nadie como tú.

Es asombroso ver cómo desde el primer momento en que una vida comienza se va escribiendo una nueva historia en muchos corazones; día con día esta historia se renueva en nuestro propio corazón, en el corazón de los que nos rodean, y en el corazón de Dios, desde muy temprana edad vamos trazando huellas, que van plasmando a cada paso, la originalidad con la que Dios Todopoderoso nos creó.

Una de las primeras cosas que aprendemos, y que con mucha naturalidad realizamos desde que somos bebés, es el aceptar o rechazar ciertas cosas, incluso antes de pronunciar palabras, un bebé demuestra con firmeza, qué quiere, y qué no quiere, qué le gusta y qué no le gusta.

Al paso del tiempo, unas de las primeras palabras que aprendemos a pronunciar ante nuestros padres es la palabra “no” y la palabra “sí”, y según muchos conocedores en este ámbito, los bebés, en esta etapa de crecimiento aprenden a decir “no”, mucho antes que la palabra “sí”, y tienden a decir “no” con más frecuencia que la palabra “sí”; son poco ordinarios los casos en que ocurre lo contrario, es decir los casos en que aprenden a decirle “si” a sus padres, antes que decir “no”.

Allí vemos como en nosotros va desarrollándose la capacidad de elegir qué queremos para nuestra vida, y qué no queremos en ella. Lo que en este artículo denotaremos como “Mi Voluntad”.

Quizás en algún momento nos hayamos detenido al menos unos minutos, para tomarnos un tiempo, poniendo un freno a lo acelerado de nuestro paso en la vida, y agarrando un respiro, luego con calma y detenimiento nos sentamos a pensar en esto, en “Mi Voluntad”, preguntándonos: ¿Qué quiero yo en mi vida? ¿Para qué vine a este mundo? ¿Qué realmente necesito yo en mi vida?

En la vida tenemos muchos sueños y metas que queremos alcanzar, y dedicamos gran parte de nuestro tiempo a pensar en esta realidad, y esforzándonos por lograr lo que tanto anhelamos, nuestra vida entera la proyectamos cada día en alcanzar “Mi Voluntad”.

En el camino puede que hayas desistido, o que estés luchando o que ya hayas alcanzado una o varias de las metas que te habías propuesto, pero si a pesar de todo lo que hemos hecho, sentimos que aún falta algo, mas no sabemos que es, nos volvemos a preguntar “: ¿Qué realmente necesito yo en mi vida?

Detrás de cada meta que disponemos, perseguimos muchas veces sin saberlo el sueño más profundo que hay en nuestro corazón, el sueño de ser plenamente felices.

Esto me lleva a recordar un pasaje que Dios nos ha dejado en su preciosa Palabra, aquel famoso relato que trata acerca del Hombre Rico (Lc 18, 18-23).

Este hombre rico había logrado muchísimas cosas, era un hombre de muchos méritos, una persona importante y reconocida, pero tenía una inquietud, él anhelaba algo más, pero no sabía cómo obtenerlo. Impulsado por este deseo, un día se acercó a Jesús De Nazaret, para preguntarle: “Maestro Bueno, ¿Qué debo hacer para heredar la vida eterna?”. Vemos que este hombre aspiraba alto, él quería la vida eterna, ni más ni menos. El Señor le respondió claramente lo que debía hacer para heredar la vida eterna, pero este hombre se puso triste, y no quiso seguirle.

Así nos pasa también a nosotros, quizás hemos logrado muchas cosas, incluso puede que seamos personas buenas, como este hombre que cumplía con cada uno de los mandamientos, pero le faltaba algo, pues aún con todo su dinero, meritos y reconocimientos, cargaba un peso de tristeza, porque él a su manera, con sus propios esfuerzos y con sus propios planes logró hacer casi de todo, menos haber aceptado la voluntad de Dios en su vida.

¿Pero cómo saber cuál es la voluntad de Dios en mi vida?, la respuesta es preguntándole a Dios, hablando con él, orando incesantemente, tal como sucedió un día con un hombre inigualable que fue a un huerto llamado Getsemaní, a orar en el monte de los olivos, pronunciando estas palabras:

<Padre, si quieres aparta de mí esta copa, pero que no se haga “Mi Voluntad”, sino la Tuya>.

Lc 22, 42 - 44

¡Jesús de Nazaret, Nuestro Señor y Salvador, él aceptó la voluntad del Padre en su vida y murió en la cruz por amor a ti y a mí, y en esa cruz pagó todas nuestras culpas, resucitó de entre los muertos y ahora vive para no morir nunca más! ¡Su incomparable misión ha sido la Salvación de la Humanidad, un legado que nos acompañará siempre!

Tú también tienes una misión única, que rompe todos los esquemas. En ti esta la decisión de decirle sí a tu Padre Dios, de creer en él, y realizar tu vida bajo la guía del Espíritu Santo, él sabrá decirte como alcanzar la felicidad eterna que tanto anhelas, el te guiará a un nuevo lugar, a un pueblo nuevo, aquí en la tierra hay muchos que te ayudarán a acumular tesoros en el cielo.

Término diciéndote que tú no serás la diferencia, tú siempre has sido la diferencia. Eres único en la vida, y el Señor puede hacer grandes cosas en ti, como le ha pasado a los valientes, de los casos poco ordinarios en que le dicen “sí” a su Padre Dios, antes que decir que “no”.

Tu puedes vivir, ser feliz a plenitud y alcanzar la eternidad, como aquellos que han dicho: Señor yo acepto TU VOLUNTAD.